Observando // Escribe Jorge Mola
Vimos en nuestra
publicación anterior el significado de varios tópicos referidos al equilibrio
que reina en el orden natural y cómo las más sencillas y aparentemente
inofensivas modificaciones lo afectan.
La introducción de especies de ambiente o hábitat parecido, la
incorporación de enemigos para los que los integrantes del ecosistema no estaban
preparados o la sobreexplotación de recursos son algunas de las formas más
comunes de alteración.
Ahora bien, en la naturaleza el proceso de selección natural llamado lucha por la vida, la sobrevivencia de los más aptos, hace que en un determinado medio, vayan quedando sólo los que están mejor adaptados y desaparezcan o emigren, aquellos a los que el ambiente no les es favorable, a manera de ejemplo, los cactus, que sólo existen en forma natural en el continente americano, junto a algunas especies que tienen la capacidad de ahorrar agua, como los pájaros del desierto que cuentan con un dispositivo en la parte final del aparato uro digestivo que les permite retener el agua de su orina y reutilizarla en sus funciones vitales, fueron los únicos capaces de habitar esos espacios tan inhóspitos, las otras especies perecieron o emigraron cuando la zona se desertificó.
Este sistema de selección natural demanda muchos años, por lo que es un proceso gradual y cada especie tiene la posibilidad y el tiempo para adaptarse a las nuevas circunstancias.
En la naturaleza todo es armónico como las notas de una sinfonía, pero cuando la intervención humana incide en el cambio, no sólo se altera el ambiente, sino también los tiempos en que estos cambios se producen, y las consecuencias son mayores.
En tal sentido, la expansión europea por el mundo, fue el comienzo de la gran alteración ecológica del planeta. Los conquistadores de las diversas naciones, al avanzar sobre otras poblaciones a las que fueron sometiendo, impusieron no sólo sus leyes, cultura y forma de vida reemplazando las locales sino también su flora y fauna, desplazando a la local, cuando lo más aconsejable era mejorar las especies del medio, caso concreto es el de la cebadilla australiana, que no es otra cosa que la cebadilla criolla, que crece naturalmente en nuestras pampas; que llevada a Australia y mejorada genéticamente volvió como especie importada, cuando es la misma, sólo que con mejor rendimiento, pero conservando los aspectos que la hacen propia del medio y en consecuencia resistente.
Así, en la opinión de genetistas no comprometidos con negocios, hubiera sido más útil mejorar especies autóctonas, ya adaptadas al espacio, para hacerlas más rendidoras en su producción, en el caso de nuestro país, guanacos, ciervos, ñandúes y otras especies serían más eficaces y resistentes que los vacunos y lanares introducidos, como lo hubieran sido los búfalos en el hemisferio norte del continente americano, produciendo carne y con la resistencia y adaptación al lugar adquirida por selección natural a través de siglos en ese hábitat.
Pero éstas, referidas a las poblaciones de la diferentes zonas no son las únicas formas de alterar la casa común de todos, que es este planeta.
Si bien el ser humano comenzó a alterar el sistema casi con su aparición sobre la tierra, la revolución industrial de la segunda mitad del siglo XIX, se puede considerar al inicio de la gran modificación la que desde entonces no sólo no ha cesado, sino que cada vez le agregamos más ingredientes. Así se sucede la polución de gases, provocada por la industria, los motores de combustión interna, el venteo de gas de los pozos petroleros y los grandes incendios forestales.
El uso de productos destinados a controlar plagas, especialmente insectos, permitió el aumento de la producción, pero su consecuencia indeseada fue la contaminación ambiental producida por los agroquímicos. Caso emblemático fue el recordado DDT, cuyos restos fueron hallados incluso en la grasa de los pingüinos antárticos, región en la que nunca se había aplicado. Sin salir de este producto, tenemos otro efecto no buscado. Este compuesto fue muy útil para erradicar la tucura, insecto saltador que producía daños cuantiosos en el campo, con el DDT que se repartía gratis a los productores fue extinguida; lo que determinó que avanzaran los pulgones, los que existiendo tucuras estaban limitados.
Si hablamos de sobreexplotación de recursos es quizás el segmento donde más ejemplos podemos encontrar, desde el sobrepastoreo de praderas, que luego sufren erosión por los vientos (eólica) hasta la desaparición de especies por captura indiscriminada, como ocurrió con los búfalos en América del norte, llevados casi a la desaparición o nuestro cocodrilo nativo, el yacaré, cazado por su piel y que llevado al borde de la extinción, permitió un avance de especies no deseadas que eran su sustento, como palometas y pirañas, dañinas y sin valor comercial, por lo que se le dio el mote de “basurero del río”.
Un alerta de los ecologistas actuales llama la atención acerca de la depredación de las diversas especies de cactus, que como dijimos anteriormente, se hallan naturalmente sólo en el continente americano. Cifras de los últimos tiempos estiman que cada año unos ocho millones de cactus son extraídos y vendidos clandestinamente a coleccionistas de países desarrollados, lo que está llevando a algunas especies, sobre todo los estéticamente más atractivas, a la desaparición; con un total desprecio por la naturaleza por parte de los traficantes y la indiferencia de las autoridades que debieron cuidad de éste patrimonio natural.
No le va mejor a la fauna, distintas especies como monos y especialmente aves canoras, son sacados de su medio y llevadas al circuito de comercialización.
Desaprensivos traficantes aprovechan la necesidad extrema de pobladores de zonas en las que existen estos ejemplares, los que por su carencia de lo más elemental para vivir se dedican a la captura para poder así sobrevivir, engrosando las cuentas de los delincuentes ambientales.
Excedería en mucho la intención y el espacio, si intentáramos aquí detallar todas las formas de agresión a las que estamos sometiendo a nuestro planeta y con ello a nosotros mismos y a nuestra posteridad.
La contaminación sónica producida por caños de escape libres y otras formas de sonido que provocan estrés, los incendios forestales espontáneos o a veces provocados por los mismos propietarios de los predios, que causan una ionización excesiva de la atmósfera, la que entre otras cosas ocasiona colapsos en el sistema de transporte eléctrico y hasta la contaminación visual, a modo de ejemplo, un simple cartel publicitario, es motivo de contaminación; un paseante que ve interrumpido el paisaje por el que se desplazaba por un letrero de una entidad bancaria que lo vuelve a su estado de tensión al recordarle sus compromisos financieros.
Hasta aquí, algunas, sólo algunas de las formas en que se está atacando al planeta y en él a nosotros mismos, en consecuencia, si estamos recibiendo un ataque, es lógico defendernos y si bien, comparada con la fortaleza de los grandes contaminantes, puede nuestra contribución parecer poco, es mejor que no hacer nada y la suma de muchos pequeños esfuerzos, puede, si se hace en conjunto y en forma ordenada una gran contribución al mejoramiento ambiental.
Algunas sugerencias: reemplazar las lámparas incandescentes, al menos las que permanezcan más tiempo encendidas, por las de bajo consumo, lo que es además redituable por su menor gasto y mayor durabilidad.
No retirar el catalizador del caño de escape de los automotores, ya que es el encargado de filtrar y retener los gases de la combustión.
Restringir el uso de calefactores y refrigeradores de ambiente, sea en invierno o verano, con lo que se logra en ahorro de energía y se disminuye el calentamiento global.
Reducir a lo mínimo necesario el uso de plaguicidas en el hogar y en la producción aplicarlos con el asesoramiento de un profesional idóneo.
Cuidar al máximo el agua, evitando el derrame y su contaminación, recordando la antigua publicidad que aconsejaba: Use toda el agua que necesite, pero ni una sola gota más, no olvidemos que este elemento, símbolo de la vida, es un recurso cada vez más escaso a tal extremo que ya se habla de posibles conflictos armados por este vital elemento, la llamada “guerra del agua”.Hay muchas otras formas, pero para finalizar, y como sugerencia de esta página, la conformación de organizaciones destinadas al estudio de la problemática en el orden local y zonal, conformadas por personas comprometidas con la naturaleza y no con grupos con intereses económicos a fin de poder actuar junto a las autoridades con fundamentos ciertos como podría serlo en nuestro medio la Asociación Jardín Biológico y las asignaturas correspondientes de las distintas escuelas, que cuentan con la vocación y experiencia, el motor que traccione de la población, para comenzar a luchar, para no dejar a nuestra posteridad, un planeta peor que el hoy tenemos.